• El primer día de guardería o de colegio. Problemas naturales de los padres…


    Creemos que este momento de nuestra vida, en el que dejamos por primera vez a nuestros hijos, implica infinidad de aspectos emocionales, y por lo tanto de la salud que es de lo que más nos gusta hablar.

    Por Rubén Misa de www.centrodesalud.es

    Ya hemos pasado todo el proceso de búsqueda del centro, muchos con la intensidad y preocupación que requiere formar a un hijo astronauta y presidente del país que necesita dominar muchas técnicas y hablar muchos idiomas.

    Seguramente ya nos hayan insistido en que el niño puede llorar los primeros días y que le cueste un poquito establecer una nueva rutina, separarse unas horas de los padres y que quizás tenga algo de miedo a que no vuelvan a buscarlo. Ya sabes que todo esto es normal, pero probablemente no puedas evitar sentir una intensa emoción de pérdida, lástima y miedo a que se le genere algún tipo de trauma psicológico.

    El miedo a separarse de los padres

    Biológicamente nuestro cerebro tiene registrado como que en su evolución hace muy poco tiempo vivíamos en manada, y el instinto de supervivencia es permanecer cerca de nuestros padres. Es totalmente normal y forma parte del proceso de evolución del pequeño, por lo que es algo muy necesario, aunque a nosotros nos cueste mucho. Por lo tanto vamos a establecer gradualmente, si es posible, pequeñas separaciones, primero dejándolo unos minutos jugar solo, luego en casa de algún familiar y los primeros días de guardería o de cole, un tiempo prudencial para que todo sea más llevadero.

    Recuerdo el primer día que llegué a la guardería, se escuchaban muchos niños llorar, se me encogió el corazón, sentía pena por dejar allí a mi hija. Aunque mi hija estaba deseando ir a jugar con otros niños, aún así, cuando se cerró la puerta y sentí que estaba al otro lado, no puede evitar quedarme unos minutos en la puerta, pensé que saldría pronto pidiendo auxilio… cuando llegué a buscarla, no quería irse, estaba genial jugando…

    No dudes al entregar tu hijo a la profesora y no te despidas varias veces

    Es normal sentir tristeza, culpabilidad y miedo, no queremos desapegarnos de los niños y nos quedamos en la puerta, sin soltarlos y dificultando el trabajo del cuidador. Pensamos que el niño se va a calmar por decirle algún tipo de palabra y que vamos a conseguir apagar sus instintos, solo hay que saber, que al otro lado, hay más niños, hay un ambiente enfocado al juego y a las experiencias nuevas, tan pronto supere el tránsito de soltar tu mano, entrará en un mundo agradable, que si no lo hace desde el primer instante, lo hará en  pocos días, y disfrutará mucho en ello y sobre todo, se desarrollará como persona y aprenderá muchas habilidades necesarias para su vida. Por lo tanto hay que despedirse con amor, avisando cuando volveremos y deseándole que disfrute, y nos vamos. Aunque llore, seguramente se le pase muy rápido.

    PROHIBIDO: Quedarse a hacer el trabajo de consolación de la profesora o volver a los pocos minutos y aparecer nuevamente en la escena de tu hijo, lo que tirará por tierra todo el trabajo de los cuidadores y prolongarás la situación complicada de este proceso.

    Actitud mental positiva, seguridad, normalidad y confianza en los padres

    Muchos de los problemas, no están en los niños ni en sus instintos, están en el terreno emocional de los padres, surgen todo tipo de memorias y comportamientos que llevamos con nosotros desde siempre y se los transmitimos a los niños. Por eso es importante no olvidar que un niño tiene un potente sistema de percepción, no solo visual, sino que va mucho más allá, y percibirá todo tipo de sensaciones en nosotros, por lo que la mejor opción es estar muy seguros y entender la situación para no transmitirle ningún tipo de duda.

    Una vez los recogemos, habrá que mostrarse igualmente sereno, tranquilo y entender que nuestro hijo quizás requiera un poco más de atención o se muestre más mimoso, o que canalice de diversas maneras sus emociones. Forma parte del proceso y simplemente hay que tratar de jugar un poco más con él, hacerle sentirse acompañado, pero al día siguiente continuar con el proceso y no paralizarlo por nuestros miedos. El niño tiene que crecer y desarrollarse.

    Si el sentimiento de miedo, culpabilidad o tristeza persiste en los padres, quizás requiera algún tipo de liberación emocional o trabajo de desapego. Quizás se estén reviviendo aspectos de nuestra propia infancia que necesites ser tratados de algún modo.

    En otro artículo hablaré de cómo evitar, en la medida de lo posible, que nuestro hijo esté enfermo todo el rato y su sistema inmunológico sea como una noria que sube y baja cada día, pero para ir empezando, sería muy recomendable que lleve una dieta equilibrada, que no tome azúcares, chucherías y comestibles que van a mermar su sistema inmune (esto solo es traumático para los padres y sobre todo abuelos, los niños no necesitan estas cosas, solo nosotros creemos que es una forma de “darles un placer”, cuando en realidad les provocamos una amplia lista de trastornos).

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    Rubén Misa

    Rubén Misa de www.centrodesalud.es

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